Iguaçu world

Me despedí de Gisele en el aeropuerto de Guarulhos después de haber pasado una noche de película en São Paulo; esa historia os la contaré en otra ocasión.

El avión despegó puntual rumbo al Oeste. Llevaba muchísimo tiempo queriendo visitar las cataratas del río Iguazú, consideradas como una de las siete maravillas naturales y que se sitúa entre dos países, Argentina y Brasil. El vuelo duró menos de dos horas y justamente antes de aterrizar pude verlas a lo lejos, allí estaban, todo un espectáculo y solo desde lo alto del cielo.

Aquella tarde decidí quedarme en el pueblo que recibe el nombre de las cataratas, Foz de Iguaçu. Allí residen más de 250.000 personas y puede encontrarse de todo para los turistas: Tiendas de recuerdos, hoteles y restaurantes. En uno de ellos, concretamente en un rodizio, decidí cenar.  Una vez con la mandioca, ensalada y otros entrantes en el plato los camareros van pasando con espadas y distintos tipos de carne por las mesas. Para finalizar, una caipiriña de maracuyá y a descansar. La aventura que me esperaba al día siguiente iba a ser inolvidable.

Me desperté temprano cuando el sol comenzaba a aparecer por el horizonte. El desayuno fue muy nutritivo con frutas tropicales del continente. Mango, Jaca, Pitahaya, carambolas y muchas otras estaban dispuestas a ser degustadas.

Jaca y Pitahaya

Durante el desayuno conocí a dos señoras brasileñas muy simpáticas (Sandra y Pilar) que también visitarían las cataratas. Decidí compartir con ellas el taxi hasta la entrada al parque nacional. Una vez que llegamos me despedí de ellas para continuar con mi aventura allí dentro.

En la entrada había cientos de turistas. En el muro, un rótulo anunciaba el parque nacional de Iguazú (Iguaçu en portugués) creado en 1939  y que fue declarado patrimonio natural de la humanidad por la UNESCO en 1986. Una vez comprado el ticket (con descuentos para brasileños y para gente de Mercosur) comienza el show.

Entrada al parque

Una vez dentro hay autobuses que te llevan hasta el final del recorrido donde se sitúan las tiendas y el comienzo del  sendero para ver las caídas de agua pero hace seis paradas por el camino ya que puedes optar a diferentes atracciones (pagando). Yo decido atreverme con una de ellas, la lancha motora. Junto a otros once aventureros nos montan en unos jeep para adentrarnos por la selva. Mientras nos iban explicando la flora y la fauna de la zona me sentía como en Jurassic Park sabiendo que lo más peligroso que podría encontrarme eran serpientes o jaguares, que no es poco.

Jeep aventura

Una vez en el río nos equipamos con todos los elementos de seguridad como chaleco, casco, etc. En mi viaje, el río Iguazú bajaba salvaje, las cataratas dejaban caer millones de litros de agua; tanto es así que una semana después de mi visita tuvieron que cerrar el parque debido a la cantidad de agua que bajaba.

El “capitán” encendió el motor y zarpamos aguas arriba, saltando y serpenteando las olas que se creaban por la corriente; de repente la lancha se detuvo. Pudimos fotografiar unas cataratas que se encontraban a la derecha durante unos minutos. La lancha se puso en marcha de nuevo rumbo a la Garganta del Diablo, las mayores cataratas de más de 80 metros de altura y con más caudal. La lancha se acercó al primero de los chorros  y el agua helada cayó sobre nosotros durante un instante. 

Remontando el río en lancha

Junto a la catarata

Tras unos quince minutos de esa experiencia que no olvidaré en mi vida, volvimos al pantalán.

Una vez seco volví a la parada número dos de autobús para que me condujese hasta el camino que  te lleva (esta vez a pie) hasta las cataratas de la Garganta del Diablo. Eso fue otro gusto para la vista.

vistas de las cataratas desde Brasil

Tras comprar unos recuerdos salí del parque para descansar ; al día siguiente visitaría de nuevo el parque, esta vez desde otro país.

En Argentina el parque se organiza de otra manera. Había varios  senderos construidos en madera que te iban llevando por distintos paisajes con múltiples variedades vegetales ,como el palmito ,que posee un tallo comestible en su interior. La fauna con la que te encuentras es increíble. Hay más de 400 especies de aves como los tucanes o arrendajos de distintos colores. También hay cotias, osos hormigueros, cientos de especies de mariposas y los simpáticos coatís.

Tucanes , coatís y bellas mariposas abundan en la zona

Mientras avanzo, voy atravesando puentes por los que puedes ver el río. En éste hay peces, serpientes y caimanes.

Poco a poco vas llegando al final de la senda. Si la Garganta del Diablo es grandiosa vista desde el lado brasileño, tenerlas a tus pies en Argentina es todo un lujo. Miles y miles de hectómetros cúbicos caen delante de ti mientras los pájaros se adentran en el agua y vuelven a salir fácilmente. Tras ver la puesta de sol , salí muy orgulloso de aquella visita.

En este vídeo verás lo que yo vi

La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es un planeta en el que puedan vivir y las cataratas del Iguazú son un ejemplo de conservación medioambiental del que debemos tomar ejemplo.

-FIN-

 

Si te animas a viajar a las cataratas del Iguazú o a otros destinos mira estos hoteles

 

Article by Luis Sigvel

Ambientólogo, amante de la naturaleza (en especial de las plantas). También me encantan las series y ...¡¡viajar!!

This Article Has 10 Comments
  1. Fran dice:

    ¡ Qué mágico lugar! Espero poder ir algún día a esa maravilla de la naturaleza. Buen vídeo

  2. Carola dice:

    Mágico en toda época. Aunque se disfruta más en primavera…

  3. Sandra Libbos dice:

    LUGAR MAGICO,VALE APENA CONHECER!!!!!

  4. Clara dice:

    Brutal!!!! Magnífica experiencia Luís a ver si te copio y me pierdo por allí.

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