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Gibraltar: La gran piedra en el mar.

Mónica se despertó aquel día muy temprano debido a que los rayos del sol iluminaban su cara y su pelo castaño. Mónica ha vivido siempre en Gibraltar en su punto más alto desde donde puede disfrutar de las maravillosas vistas de la bahía de Cádiz e incluso de Marruecos. Se levantó nerviosa, sus grandes ojos marrones reflejaban su inquietud, sabía que alguien llegaba hoy, alguien al que llevaba años sin ver, a mí.

Mi visita a Gibraltar comienza en torno a las 12.00 cuando llego al punto cercano a la frontera que separa Cádiz (Sur de España) de Gibraltar (Reino Unido), un territorio de apenas 6,8 kilómetros cuadrados. A lo lejos, diviso el Peñón; un enorme macizo rocoso que parece emerger del mar hasta elevarse  más de 400 metros de altura.

El peñón visto desde la pista del aeropuerto

 La mañana, que parecía que iba a permanecer despejada acabó por nublarse. Y eso que en Gibraltar, a diferencia que en Inglaterra, solo hay unos 60 días de lluvia al año. Pero eso cambiaría a lo largo del día.

Tras presentar el pasaporte y andar 200 metros por la Avenida de Winston Churchill tengo que detenerme de nuevo. Un avión va a aterrizar. Sí, Gibraltar tiene su única pista de aterrizaje a 500 metros de la ciudad y en medio de la carretera, convirtiendo a su aeropuerto en el segundo más peligroso de Europa.

Única pista del Aeropuerto de Gibraltar

 

Esperando a que pase el avión

Cuando el semáforo se pone verde, la fila continua su camino hacia la ciudad. Tras cruzar unos cuantos pasos de cebra, los cuales advierten que allí se conduce por la derecha alertando a compatriotas ingleses, se llega al centro de la ciudad. Su plaza más emblemática es la Casemates square .  En esa plaza hay de todo y se escucha de todo. Inglés, español, llanito (o Spanglish de la zona), francés etc. Y es que, aunque solo vivan allí menos de 30.000 personas, son muchos los turistas que se acercan a conocer la zona. La plaza y sus calles no recuerdan ni a Andalucía ni a Inglaterra; ya que tienen un aire Genovés, fachadas color pastel con ventanas verdes o azules me acompañan en el camino. Todo esto contrasta con objetos característicos de la Isla Británica como las conocidas cabinas rojas, letreros o cañones.

 

Red telephone box: Hello?

carteles de Gibraltar

Mientras recorría Main Street veía tiendas de todo tipo pero sobre todo de venta de tabaco, perfumes o souvenirs, entre otras. Todo a menor precio que al otro lado de la frontera. Gibraltar alberga una media de 24.000 empresas físicas y digitales (de apuestas por ejemplo) algo curioso teniendo en cuenta su población.

Sabía que Mónica estaría en el Peñón, esperándome, pero antes quería detenerme a comer. Existen muchas posibilidades gastronómicas pero por variar me apeteció comer el típico Roast beef con patatas y guisantes en un bar ambientado al estilo Inglés. A la hora de pagar existe la opción de hacerlo en libras o en euros. En las calles podemos encontrar algunas casas de cambio.

Camino hacia el teleférico me ofrecen algunas excursiones, como a las cuevas de San Miguel que se encuentran en el interior del Peñón o visitar el jardín botánico entre otras.

Tras cinco minutos andando llego al punto de venta de tickets para subir hasta el peñón (puede subirse andando si tienes el espíritu para ello). No es la manera más económica de subir pero si la más especial y espectacular. Es un ascenso de más de 400 metros en pocos minutos. Mientras ascendía contemplaba a mi izquierda la ciudad, el mar, los buques que iban haciéndose más pequeños a medida que me acercaba al punto más alto. ¿Estaría Mónica esperándome allí? Intentaba ver si estaba esperándome.

El teleférico se detuvo. Había llegado arriba. ¿Y Mónica? ¿Se habría olvidado de mí? -Me pregunté. Anduve un poco por la explanada y alguien me trepó por el hombro y tiró de mi pelo. ¡Era Mónica! ¡Se acordaba de mí! Allí estaba ella y toda su familia de monos de Gibraltar, los únicos monos en libertad de Europa. Se piensa que los antepasados de Mónica fueron introducidos en la Península. Actualmente hay unos 300. Mónica ,la mona y yo nos habíamos reencontrado.

 

Las vistas puedes disfrutarlas pulsando  aquí

Enjoy the views here

Mónica

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Article by Luis Sigvel

Ambientólogo, amante de la naturaleza (en especial de las plantas). También me encantan las series y ...¡¡viajar!!

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